El tenia el aspecto de un ángel por la belleza que te hacia querer mirarlo y absorberlo con la sola mirada, el pelo rubio le caía sobre los hombros, inusualmente largo, el verde de sus ojos era como esmeraldas congeladas y brillantes, los planos de su rostro masculino inspirarían a muchos escultores a tomarlo como su modelo, la cuadratura de su mandíbula que permanecía fuertemente apretada le daba un aire de rabia contenida, había algo en el que te mantenía alejado, había algo en su rostro que decía a gritos que no te acercaras porque corrías peligro. Caminaba con seguridad mientras la ropa impecablemente elegante te hacía pensar en una estrella de cine tal vez, la estatura imponía y cuando entro por la puerta del concesionario de autos marca Porsche su presencia paralizo a más de dos. Se dirigió inmediatamente a un 911-carrera-S4-cabriolet Negro que tenían en exhibición rodeándolo lo estudio unos segundos y antes de que pudiera decir algo una hermosa ejecutiva estaba a su lado atraída hacia el como la mosca a la miel. Y antes de que dijera alguna palabra la miro recorriéndola de pies a cabeza descaradamente para detenerse en sus labios los miro con detenimiento y de ahí, a la vena pulsante y totalmente visible debido a la emoción que de pronto su cuerpo sentía y que hacía que la sangre corriera de prisa, una sonrisa seductora se asomo al bello rostro masculino antes de decir en un casi susurro.
- Me has convencido, me llevo el auto.
El rostro de la chica mostro la sorpresa sin saber distinguir si era porque acababa de hacer la venta más fácil de su vida o por el sonido de la melodiosa voz y la intensa mirada del desconocido sobre ella. Sin embargo atino a moverse rápidamente para alistar los papeles de la compra y el extendió su tarjeta de crédito negra para pagar la cantidad completa por aquel juguete de lujo.
Cuando salió de ahí lo hizo conduciendo el fabulo auto deportivo que lo llevaría a su próximo destino.
Cape Cold sonaba bien, ya estaba harto de la ciudad y sus habitantes necesitaba algo de paz y eso solo podía dárselo un poco de tortura mental a su adorado primo, le gustaba mucho torturarlo y no se sentía mal por ello, no cuando la otra opción sería matarlo, al menos de esta manera cumplía su palabra de no matar a nadie de su familia jamás y aun así obtenía algo de revancha, eso era mejor que nada y ya que no podía olvidar lo sucedido era lo mínimo que necesitaba para calmar la ira que amenazaba con consumirlo.
Veloz y eficiente el auto se deslizaba por las hermosas carreteras que te llevaban a la península de Cape Cold, fría y boscosa, con suficientes días nublados y enclavada entre pequeñas y numerosas ciudades sonaba perfecto para unas cortas vacaciones y se disponía a sacarle provecho, lo último que había sabido de Luka Salvatierra lo supo de una enemiga en común que ambos tenían, de alguna manera ella siempre sabia donde el se encontraba, eso no era lo sorprendente, pero sí lo era el tiempo que Luka llevaba viviendo en esta misma área, ellos solían ser nómadas por naturaleza resultaba extraño estar en un solo lugar cuando nunca envejeces, las personas que te conocen o llegan a verte alguna vez pronto comenzarían a sospechar la naturaleza de cada uno de ellos, así que si el seguía en el mismo lugar por diez años tenia que investigar el por qué. Se relamió los labios, seguramente era algo realmente bueno y que podría usar para hacerle la existencia imposible o al menos infringirle un gran dolor, no uno igual que el que sufría no podría ser tan malvado y desearle a nadie algo así de doloroso, nadie debería de sufrir algo así nunca, solo ella. A ella podría hacerle eso y más, podría el mismo torturarla por toda la eternidad si supiera donde estaba y como llegar hasta ella.
martes, 21 de julio de 2009
Cap. 3 El Villano (3a Parte)
lunes, 13 de julio de 2009
Cap. 3 El Villano (2a parte)
Cada noche era igual a la anterior si no es que mas aburrida y solitaria.
Recostado donde estaba en la rama de la copa de un gran árbol de su parque favorito asemejaba un murciélago, uno muy grande y vestido con ropa de Armani. Tenia manía por las alturas le fascinaba poder pasar desapercibido cuando se movía mayormente por los techos de los edificios de la gran ciudad o las azoteas de los suburbios acechando, odiando y envidiando a los humanos que ignorantes de ser vigilados de vez en vez seguían con sus diarias vidas y solo si no se metían en los asuntos de los demás tenían la posibilidad de ser ignorados...
Los que merodeaban como el en las noches buscando algún beneficio sucio o egoísta no corría con tanta suerte.
Se acomodo de mejor manera para cerrar los ojos y olvidarse de su vacía existencia, solo cuando estaba en movimiento dejaba de sentir ese dolor apremiante, la oscuridad reinaba a su alrededor así como en su alma y en su corazón sin vida.
Y como cada vez que cerraba sus ojos la veía ahí junto a el con su cara de niña mujer, con sus enormes ojos azules y su cabellera castaña, amándolo como solo alguien de su propia especie podría. Aun podía sentir en la piel de sus dedos el suave tacto de su piel satinada y podía sentir dentro de su ser el perfume de sus cabellos.
“Giorgio, mi Giorgio” -Susurraba la suave voz femenina en su mente- “Siempre estaremos juntos”
Abrió los ojos de golpe para parar la tortura y una vez mas su pecho se lleno del mismo odio que lo seguía y lo acosaba, ese odio tenia nombre y no lograba olvidarlo a pesar de los siglos transcurridos. Ya era hora de hacerle una visita a su odiado primo, ya que lo había dejado en paz por una breve década, contra su voluntad y su estúpido razonamiento: Luka Salvatierra era su primo, el hijo del hermano de su padre no podía matarlo, pero aun así había sido el culpable de que Claudette no estuviera a su lado.
Era tiempo de ir en su busca y estaba seguro de donde podría estar.
Pero esta noche aun no se alimentaba y no podría viajar si no estaba bien alimentado. Se deslizo ágilmente cual felino por entre las ramas del árbol hasta caer parado elegantemente en el suelo, ni siquiera una mota de polvo ensució los elegantes zapatos que esa noche vestía.
Entorno su mirada y supo quien seria su próxima victima…
martes, 7 de julio de 2009
Cap. 3 El Villano
El hombre fijo su mirada vidriosa de vicio y maldad en la chica que lucia apetitosa e indefensa en las oscuras calles del centro de la gran metrópoli, los autos pasaban a gran velocidad por la avenida sin detenerse, ella caminaba apresurada renegando de su mala suerte, el auto se le había roto y sin mas tuvo que tomar su bolso e internarse en las peligrosas calles del sur de la ciudad. Vivía a solo unas cinco cuadras pero el área era peligrosa al igual que el resto de la capital...
La victima había perecido bajo el ataque del supuesto asalto pero también mencionaron que aun tenía dinero en la cartera pero tenia su identificación y ya era buscado por la policía por diversos delitos. Era tan extraño, el muerto fue el asaltante y no se llevaron el dinero. Sin embargo mencionaban el hecho de que no se había encontrado ni gota de sangre en su cuerpo y la garganta estaba desgarrada.
Apresuro el paso faltaban tan solo unos cuantos metros y saldría otra vez a la avenida, los pasos se hicieron mas enérgicos y entonces sintió con horror como tiraban por su pelo derribándola.
Un grito ahogado salió de su garganta para ver el rostro desfigurado por la lujuria y el alcohol, la peste de su aliento la abrumo aterrorizándola, él se coloco rápidamente sobre ella para sujetarla y arrastrarla fuera de la vista ella forcejeo y pataleo con pánico mientras gritaba por auxilio.
Pero se dijo que no dejaría de luchar y entonces sacando fuerzas de su pánico intento empujarlo con todas sus fuerzas logrando salir de debajo de su atacante. Pero no llego lejos la volvió a derribar esta vez le azoto el rostro con la mano abierta lastimándola. Las lágrimas comenzaban a derramarse y el miedo volvía a paralizarla. Estaba a punto de desmayarse cuando miro a un hombre acercarse a paso lento y firme, las sombras le rodeaban y vestía todo de negro, incluso el pelo lo llevaba cubierto con un gorro. Logro soltarse del agarre de la sucia mano en su boca para gritar por ayuda.
Y antes de que pudiera decir media palabra más el hombre alto se encamino decidido a ayudarla. Lo que siguió después de eso su mente lo bloqueo o de alguna manera logro olvidarlo.
Sin un mínimo de esfuerzo y con una sola mano el sujeto aquel fue apresado por el misterioso hombre de negro, lo levanto en vilo y en ese solo segundo pudo ver el brillo letal en los ojos verdes que reflejaban la luz del farol dándole un aspecto de ojos felinos, le sonrió con una sonrisa torcida del que pudo apreciar era un bello rostro de piel pálida y después de inmovilizar al maleante comenzó a succionar el cuello de aquel, ella se quedo quieta inmóvil ahora por lo que miraba, cuando después de unos minutos levanto el rostro una vez mas, escucho como la nuca de su atacante crujía macabramente.
Después todo lo que pudo recordar fue una varonil voz y los verdes ojos.
Cap. 2 Excursion (3a parte)
Emma no pudo evitar morderse los labios de la curiosidad y Tristán el sonreír por los pensamientos de ella. Pero no debía dejarse llevar tan fácilmente por el entusiasmo de la bella chica. Esto solo era un experimento aun no sabia que terminaría haciendo, y sobre todo no estaba dispuesto a acercarse tanto a una humana. Era peligroso
Emma fue con Amelie mientras daba saltitos y un agudo chillido salía de su boca.
- ¡Por dios! Me dará un colapso de la calentura que se me ha subido. ¿Te has dado cuenta de lo delicioso que luce ese hombre allá adentro?...
Tristán sonrió, ¿Entonces lo había notado? Y lo había escondido muy bien, no podía mas que sentirse halagado sin saber porque, la piel le cosquilleo con eso. Ella era vibrante y hermosa y lo encontraba delicioso eso le producía placer y una leve oleada de calor.
- Tranquila nena que te dará un colapso si se te sube de mas todavía tenemos que llegar a hacer la tarea de literatura que nos dejo el profesor Chamberlain, así que ni se te ocurra escabullirte esta noche. Mañana hay un parcial y tenemos que estudiar.
- Es solo un comentario y una gran verdad Amelie, la verdad dudo que un hombre como el siquiera se fije en mi, es… demasiado hermoso y tiene algo que me hace querer abrazarlo y consolarlo, es extraño ¿No?
- Estas demasiado loca amiga, es bello si, pero te ha echado una mirada que me dice que no le eres indiferente.
- ¡No bromees con eso Amelie!- jadeo Emma mientras casi saltaba en el mostrador.
- Es en serio- afirmo ella divertida con los enormes ojos de Emma- ¿A que universidad crees que asista? En esta área hay como tres podría ser en cualquiera.
- Como venia vestido más bien parece un ejecutivo o un profesor, dudo que sea estudiante de ninguna escuela.
- ¡Oh, te hace señas ve allá y mira eso!
Emma giro para verlo de frente a ella mostrándole como el ajustado vaquero azul celeste delineaba cada musculo del perfecto cuerpo mientras el pullover se ajustaba de más en sus hombros y brazos. Se quedo sin respiración cuando se inclino para decirle algo.
- Creo que prefiero una talla más grande para el pullover.
Esa simple inclinación hacia su rostro le produjo mareos y un incomodo paro respiratorio, se obligo a no aspirar profundo y saborear así, el exquisito aroma que desprendía el cuerpo masculino.
- ¿Eh? Si…claro, te traeré algo más cómodo, perdona- se alejo con la turbación en toda su piel e intentando no tropezar con sus propios pies.
- Claro, mientras espero en el vestidor con las siguientes prendas que aun no me pruebo, quiero este modelo en varios colores- le indico, si una simple prenda como aquella le hacia mirarlo como lo hacia, definitivamente le gustaba esa clase de ropa tan casual.
- ¡Pero si ese vaquero fue hecho para tu trasero!- exclamo Amelie en voz alta.
- ¿Perdón?- inquirió el sin entender muy bien a que se refería.
- A que te queda increíblemente bien, deberías vestir solo vaqueros de ese tipo, te juro que traerías una multitud de chicas caminando detrás de ti solo para tener la vista que tengo en este momento.
- Eso suena exagerado- respondió sombrío le parecía imposible que alguien en su sano juicio pudiera seguirlo a ningún lado, buen trasero o no.
- Créeme, no lo es- insistió ella sin tomar en cuenta el drástico tono de voz- Y dime, ¿Estudias por aquí o vas de paso?
- Vivo por aquí por temporadas según el clima.
- Nosotras vivimos aquí y estamos en la Cape Cold College, en primer año de la carrera de Arte y Literatura- agrego con complicidad.
- Literatura- repitió para si mismo.
- ¡Aqui estas!- exclamo Emma cuando regresaba.
- Aquí… eh, ¿como te llamas?
- Tristán- Contesto sin quitar la mirada una vez más de Emma.
- Aquí Tristán dice que pasara una temporada por aquí- informo Amelie con entusiasmo.
- Tristán, que bello nombre- murmuro Emma casi para si misma.
- Gracias.
- ¿Hello? Ha dicho que esta aquí por una temporada- insistió Amelie.
- ¿Vives por aquí?- reacciono Emma al fin- no te hemos visto nunca ¿Estudias en la universidad del pueblo? ¿En que año estas?
- Aun no se si estaré o no en la universidad- contesto el un poco desconcertado de la inesperada interrogación.
- ¿Y porque no? – inquirió Amelie con su acostumbrada curiosidad y muy poca pertinencia- ¿Acaso tus padres no te exigen que asistas a una?
- No pareces estudiante- secundo Emma.
- Porque no lo soy- respondió finalmente antes de retirarse a un lugar seguro- creo que será todo lo que comprare por hoy.
Y así, Emma se enfrasco en escogerle infinidad de prendas que fue apilando y que Tristán con gusto compro. Tenía una resolución para su futuro. Salió de la tienda cargado de bolsas de ropa ante la mirada decepcionada de Emma. La chica le gustaba mucho pero de algo estaba seguro; no podría acercarse demasiado, sin embargo quería conocerla y estar cerca de ella. En ese momento tomo una decisión.
Iría a la universidad de Cape Cold.
viernes, 3 de julio de 2009
Cap. 2 Excursion (2a parte)
- Te digo que así tiene que ser- insistió una vez más la linda pelirroja mientras escogían una prenda más.
- Vamos Amelie- replico su Emma- tienes que darle otra oportunidad al pobre, jamás he visto chico mas lindo que Jasón, si bueno es algo raro pero no puedes negar de que se le cae la baba por ti.
- Si, ¿pero que quieres que haga?- se quejo Amelie- no lo invitare a salir yo, una tiene que darse a desear un poco, lo siguiente que pasara es que querrá que lo mantenga.
- ¡Que exagerada eres!- se burlo Emma mientras se metían una vez mas al vestidor de damas para probarse una vez mas las prendas escogidas...
Ellas dos eran amigas entrañables, estudiaban y vivían juntas en el campus de la universidad de la península de Cape Cold.
Y como siempre, aun cuando no compraban todo lo que se probaban a falta de fondos suficientes al menos podían soñar que compraban toda esa ropa bonita que les quedaba como guante de piel. Era su pasatiempo, cada que podían comían comida barata y salían a caminar para matar un par horas de vez en cuando. Ambas trabajan en la plaza comercial y se tomaban su descanso para meterse en las demás tiendas.
Pronto regresaron a su turno en la tienda de ropa casual para hombre en la que ambas eran las vendedoras, pagaba más o menos y les dejaba tiempo para los deberes de la escuela. Y cuando vendían bien sus comisiones les permitían comprar ropa bonita.
Así que cuando pusieron los ojos en el impactante ejemplar masculino que se encontraba en la puerta con aspecto de terror reflejado en el rostro ambas se quedaron casi paralizadas por unos segundos antes de reaccionar.
El tipo era de un alto impresionante, al menos media 1.85 el pelo revuelto e inusualmente largo que le caía por los hombros el abrigo de aspecto caro y fino no permitía ver demasiado de su cuerpo pero los anchos hombros le hacían parecer fuerte y estilizado, los intensos ojos grises se pasearon con inseguridad por el lugar antes de enfocarse en ellas.
Entonces una tímida sonrisa se asomo en los carnosos labios haciendo que el lugar se iluminara inexplicablemente.
Amelie se adelanto reponiéndose mas rápido que Emma.
- ¡Hola! Bienvenido- exclamo dirigiéndose a la entrada-¿En que le podemos ayudar?
- Hola- contesto provocándoles a ambas un estremecimiento con su presencia y sexy acento- Estoy buscando ropa casual, informal distinta a la que traigo puesta.
Emma reacciono al fin acercándose a Amelie para susurrarle en el oído.
- Amiga por favor déjamelo a mí, te lo suplico- pidió sin saber que el escuchaba perfectamente e incluso podía leer sus pensamientos.
- Claro- dijo haciéndole un guiño y haciéndose a un lado.
Tristán fue gratamente sorprendido de percibir que no les inspiraba miedo y que incluso pensaban en el como un cliente como cualquier otro. Seria la primera vez para el ir de compras. Había tomado la decisión de mezclarse tal vez un poco con la población o al menos en las actividades que los humanos parecían disfrutar. Y para eso quería lucir como cualquier otro hombre que pareciera de diecinueve o veinte años.
No estaba totalmente aislado pero no solía entablar ningún tipo de roce con nadie que no fuera su ama de llaves. Y ni siquiera Nance lo veía o convivía con él, tan solo tenían una relación de trabajo donde el era un exigente y generoso empleador y ella una eficiente y discreta asistente. Nunca hacia preguntas.
- Bien- dijo al fin aclarándose la garganta- dígame que tipo de estilo quisiera llevar.
- Algo mas de mi edad y bastante actual, me siento bastante pasado de moda, tal vez ropa cómoda para ir a la escuela y eventos sociales, la verdad es que no tengo ni una sola idea de que podría venirme bien.
Emma lo miro recorriéndole sin ningún pudor de pies a cabeza pero aparte de no poder adivinar mucho lo que había debajo de esa apariencia fría, elegante y refinada solo pudo sentirse turbada cuando llego al bello rostro de Tristán que la miraba con precaución extrema. Como si no estuviese acostumbrado a que lo miraran tan abiertamente, tan audazmente.
- Pues mira, si te quitas el abrigo y lo ponemos por allá para que estés cómodo necesito saber tu talla y te iré acercando lo que creo que te quedara genial- contesto ella mientras ponía manos en acción deshaciéndose de su abrigo para arrojarlo en una de las sillas de la tienda.
- Bien, creo que te pantalón soy 32-33 y de camisa tal vez sea 33 o 34 no estoy seguro.
- Bien- le tomo del brazo y lo llevo a un vestidor donde le pidió que entrara- te traeré vaqueros y pantalones cómodos.
Tristán asintió dejándose guiar completamente por la bella y desenvuelta Emma estudiándola sin que ella notara siquiera de que era objeto de curiosidad. Sin saberlo ella se sentía atraída por la innegable belleza masculina del desconocido pero no como solían sentirse en general las mujeres humanas en cuanto ponían la mirada en él.
Arqueo una ceja de desconcierto al ver que ella parecía inmune a ese encanto invisible que tanto le metía en problemas.
Emma sin embargo no había perdido el control de si misma ni el habla ya que le estaba dando instrucciones como si el fuera un hombre común y corriente.
Intrigado por la belleza de cabellos castaños y ojos verdes intensos como esmeraldas, enmarcados por cuidadoso y sutil maquillaje que destacaba su piel inusualmente bronceada para ese tipo de clima. La miro caminar con desparpajo mientras contoneaba sus caderas y no pudo mas que admirar el perfecto trasero que delineaba el ajustado vaquero, esbelta y desenvuelta cogió prendas distintas de diferentes tipos de estilos y colores para regresar a su lado sin que el la perdiera ni un segundo de vista.
“¡Por dios!” –pensó ella cuando regreso y pudo ver como su camisa estaba desabotonada levemente dejando entrever el musculoso torso del atractivo chico que la observaba con divertida extrañeza- “Pero si es un adonis”
Con la mirada busco a su amiga y esta hizo una señal con los ojos y sonrió con complicidad.
“Todo tuyo amiga, no desaproveches esta vez que de esos no hay muchos en este pueblo”
- Este…ejem, te traje estos pantalones tipo cargo de material suave y tibio son geniales cuando los combinas con pullovers y chaquetas deportivas, comienza probándote esta combinación.
- Gracias- contesto el intentando no sonreír, definitivamente esa era una novedad para el. Una mujer diciéndole que vestir mientras se desnudaba en un vestidor de una tienda en un centro comercial.
- “Anda cariño y dime si necesitas ayuda para desvestirte”- pensó Emma para si misma, sorprendida de sus pensamientos calenturientos.- Dime si necesitas ayuda.
- Claro gracias-contesto el evitando delatarse- ¿podría tener este modelo y de todos los demás en color negro también?
- ¿Eres fan del negro no?
- Es todo mi guardarropa es por eso que necesito ayuda.
- Bien, tendrás tus modelos en negro pero te recomiendo que uses colores, con esa complexión de piel y tus ojos los tonos azules te irán fantásticos.
- Entonces quiero muchos colores ya decidiré con el tiempo cual será mi favorito, después del negro.
- Vale, te llenare de ropa y por favor tienes que salir y dejarme ver que tal te va sentando la ropa- pidió mientras le echaba otro vistazo- “Y para ver lo que hay debajo de ese pullover que escogí en una talla ajustada”
martes, 23 de junio de 2009
Cap. 2 Excursion (1a parte)
Tristán.
El viento helado le golpeo en la cara.
Caminaba por las solitarias y frías calles en busca de alimento.
Apretó los puños dentro de los bolsillos de su abrigo oscuro largo y elegante, incluso para salir a esa hora siempre vestía bien. Era lo único que le diferenciaba de un vagabundo o de un maleante; su elegante y refinado aspecto, no deseaba llamar negativamente la atención.
Si te tomabas unos segundos para observar su aspecto seguramente te encontrarías irremediablemente fascinado con la belleza que su rostro de piel pálida y bellos rasgos te provocaba, era inevitable. Había sido descrito como un hombre de gran belleza y carisma alguna vez, y después de su muerte esas virtudes se habían multiplicado infinita mente, su pelo de rizos largos y castaños con reflejos rubios como si tomara el sol y este lo hubiera decolorado, o tal vez pensarías que lo cuidaba con un buen estilista. No podía cambiarle el aspecto nunca, así que solo cambiaba de vez en cuando el estilo de peinarse, en general solo lo dejaba así suelto cayéndole en el rostro.
Podía ser extraño al correr de los años en que las modas en los hombres cambiaban, pero en esta década más ambigua los estilos andróginos estaban otra vez de vuelta.
Su belleza había sido útil a los largo de los largos e interminables años, pero en un principio había sido usada para viles propósitos. Propósitos que le habían atormentado en los años que sucedieron después a esa época oscura.
Como cada vez que pensaba en ello, algo le carcomía dentro y le provocaba un amargo sabor en la boca. No se suponía que pudiera tener esos sentimientos, no tenia alma, ni palpitar en el pecho.
Era un mito, una sombra, un producto de las peores pesadillas...
Pero por alguna razón que aun no entendía, no podría morir, ni siquiera dormir. Un simple placer como dormir y descansar su mente de tanto cansancio le estaba vedado.
Paseo una vez mas los ojos adaptados para ver en la más densa oscuridad, las tenues luces a esa hora de la noche, se metió a un bar de mediana categoría que estaba abierto casi todos los días de la semana hasta bastante tarde.
Se metió y pidió un trago.
Se sentó en la barra de madera pulida y observo su reflejo en el espejo frente a él, y al mismo tiempo pudo ver a través del reflejo a una chica que se levantaba de su silla, con los ojos llenos de pesar. Su soledad la estaba matando, y esta noche no había conseguido a nadie con quien irse a casa.
Disimulada mente tomo su trago que para todo caso era como beber agua, insatisfactorio y sin sabor alguno.
Pago y salió detrás de ella.
Caminaba cansada de su existencia, su frustración era inmensa. Se sintió identificado con ella instantáneamente, era la historia de su vida, cada día por los últimos tres siglos.
Sus pasos vacilantes la llevaron hasta donde había aparcado, se ajusto el abrigo pues el viento soplaba con fuerza anunciando el final del otoño, pero en ese frío lugar eso no ayudaba mucho.
Busco las llaves en su bolsa de mano y le vio venir. El farol encendido en la calle ilumino su rostro y una sonrisa se dibujo en los labios femeninos.
Sintió un escalofrío pero sus ojos le decían lo contrario, la presencia de alguien como él no podía ser peligrosa.
Pudo ver su mente, se imagino pasando sus dedos delgados y finos por los sedosos rizos que adornaban el bello rostro dándole un aspecto algo salvaje pero endemoniada mente atractivo, se relamió los labios cuando vislumbro su sonrisa que tenia como propósito distraerla.
- Hola guapo- Saludo.
- Hola- Correspondió y el timbre de su profunda y varonil voz le envió un estremecimiento. Todas sus fantasías hechas realidad- ¿Puedo invitarte algo? Aun no deseo ir a casa.
- Yo podría invitarte lo que desees en mi casa- Dijo en tono sugerente.
- Después de que tomemos algo por aquí vamos a tu casa si gustas- Sugirió inclinando su rostro hacia ella, ya que la tuvo a unos centímetros de su rostro. La impresión que sintió era conocida, tan familiar, tan acostumbrada.
- Encantada de ir contigo a donde desees- musito ya bajo el influjo de su encanto
Sin decir una palabra mas le miro profundamente a los ojos para inducirla en un trance profundo. La llevo al callejón a unos pasos de ahí donde la oscuridad los cubriera. Y lamió su cuello preparándola para que no sufriera por lo que estaba a punto de hacer.
Tembló de placer en sus brazos, su cuerpo esbelto y frágil tenía un dulce perfume de excitación y rosas.
Ladeo su cabeza y lamió su cuello una vez más, antes de hundir- los afilados colmillos que habían salido de sus fundas- en la palpitante vena de la garganta.
El líquido salado y caliente salió a borbotones directamente a su garganta, dándole alivio, quitándole el dolor del cuerpo y entibiando la helada piel. Bebió despacio, la sed se calmaba mejor si no apuraba su trago.
Paro cuando fue suficiente para el sin lastimarla, tan solo tomaba un poco cada vez para no terminar con la vida de su donador nocturno. Volvió a lamer y la ponzoña de su boca sello la herida, dejo de salir la sangre casi instantáneamente.
Durante todo el proceso había manipulado su mente para que la experiencia no resultara aterradora para ella, el palpitar de su corazón le tranquilizaba y le hacia sentir vivo. Lo menos que podía hacer era hacer realidad sus más salvajes fantasías. Y esa noche ella deseaba un amante excepcional, uno que la hiciera sentir amada, deseada y profundamente satisfecha.
Y eso seria lo que recordaría al otro día, una salvaje noche de sexo ardiente, con el hombre más bello que jamás había visto nunca en su vida.
Al menos eso podría llevarse de él por haberle alimentado, y él… él solo se llevaba el alivio temporal de su sed eterna y volvía una vez más a casa. A la quietud y a la soledad de su mansión. Donde no podía dormir ni descansar, ni compartir su vida con nadie.
Se sentó en el borde de su cama de adorno, y miro su fabulosa mansión, se sintió desolado una vez más.
Había buscado compañía por mucho tiempo, o al menos alguien que le ayudara a morir de una vez por todas sin lograr ni uno ni lo otro. Ya que no podía terminar con su propia existencia, su instinto de supervivencia no se podía eludir.
Su vida era un infierno donde no podía gritar porque nadie le escucharía, donde no existía nadie que tuviera un pensamiento para él, ya que se suponía que no existía.
Tenia que hacer algo antes de que terminara volviéndose loco.
Si no podía terminar con su vacía existencia, al menos tenia que ver que podría hacer para no vivir más en soledad.
lunes, 22 de junio de 2009
Cap. 1 El Angel (3a parte)
Espero la respuesta a su pregunta esperando poder descifrar su presencia ahí.
- Bueno, he viajado mucho en los últimos meses y decidí que debería de una vez terminar la escuela y decidirme a escoger por fin una universidad. Ya me tome el tiempo necesario para hacer algunas otras cosas que tenía pendientes. Ahora quiero terminar lo que tengo que hacer aquí en esta ciudad.
- ¿Que tienes pendiente aquí? ¿Que de interesante tiene este pueblo tan aburrido?- Le cuestiono.
- Lo mas importante de mi existencia, tan solo… pero te contare después, ya es hora de regresar a clases. ¿Cual te toca ahora? –Pregunto mientras le ayudaba a levantarse del suelo.
El contacto con sus manos la hizo temblar levemente. La miro a los ojos otra vez de esa manera arrebatadora que parecía que quería absorberla dentro de si. La intensidad de su gesto le hacia correr la sangre desbocadamente en sus venas, calentándola, un brillo distinto al anterior apareció, la soltó de inmediato y camino aprisa delante de ella parecía perturbado de pronto.
Solo se volvió para decirle:
-Nos estaremos viendo por aquí supongo, no vivo en el campus pero definitivamente nos veremos por aquí.
-Eh… si, claro- Tartamudeo ante el espontaneo ofrecimiento- Te veré por ahí- Dijo de manera casi automática.
La había dejado sin aliento con ese cambio de humor tan repentino.Desapareció en el edificio del ala norte y ella se dirigió a su clase de historia. El resto del día se pasó como si fuera una película lenta y tediosa, tan solo deseaba poder verlo una vez mas, aun saboreaba el delicado toque de sus manos en ella, había observado el insondable fondo de sus ojos azul tan pálido que parecía irreal, hasta que se había separado bruscamente. ¿Qué había sido eso?
Se dio cuenta de que en todo el día no había deseado meterse en líos para poder sentir la presencia de su ángel guardián y se sintió culpable por ello. Pero en ese momento solo deseaba comprobar quien era Luka y porque se parecía tanto a su ángel guardián. A partir de aquella tarde la belleza angelical de aquel hombre que la miraba se quedo grabado en su mente y ahora estaba aquí con ella.
Al final del día pudo correr al estacionamiento para poder verlo una vez más. Lo miro subiéndose en una motocicleta, tenia puesta una chaqueta de piel oscura y su casco. Sintió como su corazón se entibiaba hasta derretirse por completo, su pecho latía aceleradamente mientras corría a el para llamarle. El sin mirarla una vez más arranco y salió del estacionamiento dejándola ahí con el suspiro en los labios.
Arrobada como estaba con la esencia masculina ni siquiera noto que era objeto de curiosidad en varios autos a la redonda. Jennie y su sequito, las chicas populares, no le quitaban la vista de encima y comentaban algo entre cuchicheos con sus amigas. Seguramente se burlaban de ella, nada nuevo.
Sintiéndose desolada de pronto se dirigió caminando a su pequeño estudio donde vivía. Se acomodo su mochila y mientras abrazaba su propio cuerpo, algo contrariada de no haber sido mas audaz. Tal vez en ese momento estaría en la parte de atrás e la motocicleta abrazándose a la breve cintura de Luka.
Un estremecimiento la recorrió mientras se imaginaba a si misma tocándolo de aquella manera tan casual e intima.
Había llovido mientras estaba dentro de los edificios del campus y había charcos de agua estancada, no se dio cuenta de eso hasta que el lujoso auto de Jennie paso a toda velocidad bañándola con el agua helada estancada en la calle.
Detrás de la espesa capa de agua sucia y helada solo pudo ver como sus rostros se alejaban de ella mientras se reían de su miseria. Ahora estaba desolada, empapada hasta los huesos y con ansias de hacer cachitos a la rubia estúpida que seguía metiéndose con ella. Apresuro el paso para llegar a casa con el cuerpo ardiéndole de la rabia contenida, ya se las pagarían, pero en ese momento estaba a punto de congelarse.
Esa mañana había sido la mas esperada por él, al fin podía comenzar a conquistarla, deseaba que le conociera y le amara antes de confesarle quien era. Tenia muchas cosas que explicarle, pero lo mas importante deseaba que dejara de pensar en el como su ángel.
No era un ángel, al menos no tenia nada que ver con el cielo así como lo conocían los humanos que creen en el reino de los cielos.Le enfurecía y le asustaba que estuviera enamorada de esa forma, el golpe de la verdad que algún día sabría seria mas duro para ella, y para él seria doblemente si lo rechazaba debido a su oscura naturaleza.
Se daba cuenta de la fuerza de ese anhelo, de ese deseo y amor que el ángel le inspiraba, lo sabía, había leído cada pensamiento al respecto.
Las noches en vela de ella intentando no volverse loca por la fantasía que recurría a ella una y otra vez. El arriesgar su vida con deportes extremos y provocaciones inútiles solo para poder sentirlo cerca de ella. Y el, tenia que acudir una y otra vez para protegerla de si misma, ya que el mismo la había convertido en lo que era ahora: Una lunática pendiente de la aparición de una fantasía y un sueño, de un recuerdo de infancia que había quedado guardado como tatuado con fuego en su mente.
Al menos la esencia de su espíritu quedaba intacta, no así su mente y su desarrollo personal con respecto a su entorno, aun cuando las calificaciones no bajaban y sus sueños de realización personal no desaparecían, siempre guardaba esa parte de ella donde podía perderse en la locura si tan solo continuaba de aquella manera.
Era casi imposible para el alejarse de ella por más tiempo del necesario, y ahora que sabia que estaba ahí lo único que deseaba era decirle cuanto la deseaba y lo que seria capaz de hacer para tenerla a su lado.
La miro caminar apresurada con la ropa empapada y temblando del frio debido a las continuas ofensas de Jennie y sus amigas. Deseo poder acercarse a ella para llevarla a casa pero por nada del mundo quería que pensara que la acechaba.
Cosa que era cierto pero ella no necesitaba saberlo.
Ella estaba acostumbrada a una vida difícil y diferente a las malcriadas del auto ultimo modelo. Diana había crecido bajo el estricto y paranoico cuidado de su madre, Luka fue testigo de cómo el aislamiento a la que sometía a su hija por un terror casi esquizofrénico con el que vivía.
Nunca tuvo amigas de visita a su casa, no hubo fiestas ni celebraciones de cumpleaños, no había visitas familiares ni convivencias normales, ni siquiera novios o pretendientes. Su vida solitaria había reforzado su manía por el peligro y el estudio y su único consuelo era la música y el baile, se había convertido en una hermosa bailarina de ágil y esbelto cuerpo, intensa y apasionada cuando se olvidaba de su soledad mientras bailaba en el estudio del sótano donde vivía.
Y el fue el mudo testigo de sus continuas lagrimas, mientras se preguntaba que sucedía con su madre que la trataba de aquella manera aislándola del mundo. Pero al ser su único familiar no luchaba contra ella sino que obedecía pacientemente mientras su mente se llenaba de preguntas sin respuestas.
Y entonces se fue de casa para estudiar en la universidad más cercana a su madre así que no pudo ir demasiado lejos. Se había quedado en la península al norte de Cape Cold, y su madre vivía a solo veinte minutos de ella.Y ahora estaba dispuesto a llegar a cualquier límite que pudiera tener para devolverle su humanidad completa, eso antes de confesarle su oscura naturaleza. Su vida y su bienestar estaban por encima de la de cualquiera, incluso por encima de si mismo.
Cuando llegaron a la casa de Diana, como era su costumbre en cuanto estuvo segura dentro de su casa dio la media vuelta evitando espiarla mas allá de las paredes que no le impedían saber lo que hacia o pensaba, en su mente solo veía la imagen de ella en sus brazos, prendido de sus labios, esos labios largamente adorados y deseados.
Pero tenia que ser cuidadoso, primero tenia que sanar su mente, así podría amarlo a el y no a una fantasía.
Tenía que alimentarse, pero no podía hacerlo en el pueblo, así que se transporto como sabia hacerlo. Trasladándose de un lugar al otro en segundos, desmaterializándose aquí y apareciendo en donde lo deseara. En ese caso en una gran ciudad donde ya era de noche y podía escoger al donador de su alimento esa noche. Nunca mataba a nadie, solo tomaba un poco de sangre de su donador y les borraba la memoria para que no tuvieran conocimiento del hecho. Escogía a sus victimas por sus pensamientos, aprendió que la sangre mas dulce era de las personas que carecían de sentimientos perversos, eran más fáciles de persuadir, además cuando se alimentaba de ellos, experimentaban el placer mas intenso que habían conocido antes, y así no sufrían.
Había pasado más de un siglo para que pudiera hacer eso sin matar a sus victimas, ahora raramente perdía el control.
Ahora estaba a punto de embarcarse en una aventura desconocida para el. Tenia que pasar por un humano, común y corriente.
Y aun no sabía como hacer eso.
No usar sus poderes con Diana seria extremadamente difícil.
sábado, 20 de junio de 2009
Cap. 1 El Angel. (2a Parte)
- ¿Hola? Volvió a repetir ya con el seño ligeramente arrugado en desconcierto. – ¿Te encuentras bien?- Su voz sonó maravillosamente a sus oídos y se obligo a parpadear un par de veces.
-Ah, si… hola creí que…- balbuceo intentando completar una sola frase sin lograrlo, de todos los rincones de su cerebro venia ayuda sin poder hacerla llegar a los labios.- Si, es solo que yo…-
“Señorita Osuna”- Escucho la voz del profesor que le llamaba.
- “Mierda”- Pensó. Y calmadamente contesto al impaciente hombre que le miraba severamente. – Dígame profesor.
Se enderezo en su pupitre y con renuencia desvió la vista de la maravillosa imagen a su lado por miedo a que desapareciera, aun no estaba segura de que era real, algunos de sus compañeros la miraban con un aire de burla mientras era sometida al escrutinio y disgusto del profesor.
- ¿Nos hace el favor de acompañarnos en la clase? ¿O prefiere que la dejemos sola? – El sarcasmo en la voz le parecía como siempre: monótono, aburrido, ¿Y esos que la miraban que demonios hacían con la boca abierta?
- Disculpe, me gustaría quedarme en la clase si no le importa.- La dulzura de su propia voz le pareció nauseabunda, pero no deseaba que la echaran ahora, necesitaba volver los ojos una vez mas y asegurarse que no estaba loca.
- Bien, este bimestre estaremos leyendo y analizando novelas contemporáneas, les daré unos títulos y ustedes elegirán un par mas para discutirlos en clase.- Explico a todo el salón pero sin quitarle los ojos de encima.
En cuanto el profesor le dio la espalda para anotar los títulos de los libros que estarían leyendo volvió el rostro lentamente como si así pudiera evitar que su posible alucinación desapareciera.
Pero aun con el rostro inclinado hacia ella, la miraba con divertidos ojos y una sonrisa en los labios. Su corazón latía con fuerza, no era una alucinación en verdad estaba ahí junto a ella y le había hablado y era idéntico a su ángel, pero… su mente no lograba conciliar la realidad con su fantasía, ¿Si el hermoso chico sentado a su lado era real entonces no era su el?
Eso podría ser posible si tan solo no luciera idéntico. Los ojos de un azul profundo e imposible y la poderosa presencia se sentían iguales, solos que ahora lo podía mirar, y estaba ahí físicamente junto a ella.La euforia y la emoción igualaban al desconcierto y a la ansiedad en su cuerpo, no sabia que creer o que pensar.
Tal vez ese hermoso chico sentado a su lado solo se parecía a su ángel eso le hacia pensar que era el, ¿Pero entonces?... ¿Su amado era humano? ¿O todo ese tiempo había estado imaginándolo? Su corazón se oprimió en su pecho, no le gustaba la idea de no volver a sentir la presencia de su fantasía favorita.
¿Que significaba entonces?
No lo sabía.Pero ese chico que le sonreía afectuosamente le recordaba y le hacia sentir que era el, su sueño, su amado…
La clase pasó lentamente, lo miro un par de veces y su rostro parecía ensombrecido de pronto, en sus ojos había una clara frustración y la mandíbula estaba apretada con disgusto.
Su perfil recio y masculino lucia menos angelical y más… peligroso.
Cuando termino la clase la miro una vez más con ojos anhelantes. Jamás la habían mirado así, esa mirada solo la había visto en las películas, cuando el protagonista estaba enamorado de la heroína. Eso no era posible, tan solo la conocía hacia una hora y la única manera de que hubiera terminado sentado a su lado era precisamente esa: no la conocía.
Ella por su parte sentía que le temblaban las piernas cuando se levanto de su pupitre. EL salió de prisa y se quedo ahí parada sin saber que pensar o si confiar en lo que en ese momento sentía; solo quería correr detrás de el y saber ¿Quien era y que hacia ahí? ¿Y si lo volvería a ver? El estomago le dolió de la ansiedad de no volverlo a ver nunca mas y salió de prisa del salón, pero ya el pasillo estaba lleno de estudiantes corriendo a su próxima clase.
Enojada consigo misma camino a su siguiente clase y para maravilla del profesor no causo ningún disturbio.
Así paso su día hasta la hora del almuerzo.
Entonces lo vio rodeado de chicas en las mesas del jardín, el día era nublado, cosa común en el área, ya que era otoño y estaba por entrar el invierno.
Sintió una punzada de celos recorrerle de pies a cabeza, nunca como en ese momento se sintió tan inadecuada e insignificante. Usualmente se sentaba sola con los audífonos del IPod y un libro acompañándola mientras comía cualquier cosa, debajo del árbol al final del patio del campus donde podía mirar a todos desde lejos.
Lo vio sonreír con lo que fuera que las clap, clap’s le estuvieran diciendo.- Así les decía a las chicas que usaban elegantes tacones de diseñador para ir a la escuela, con sus perfectas ropas y maquillaje. En general solían serle indiferentes, pero ahora se sentía celosa de ellas.
Cerro los ojos un momento mientras escuchaba la música, y cuando los abrió el estaba ahí, parado bajo la misma sombra del árbol con ella.
Vestía vaqueros oscuros y una t-shirt de mangas largas en color crema que resaltaba su espalda y los músculos de sus brazos, el pelo largo peinado al descuido enmarcaba su pálido rostro, sonriente una vez mas.
- Me quede preocupado de la posible mala impresión que tuviste de mí esta mañana. ¿Estas bien? Nunca vi nadie ponerse así por un simple hola.- Sonrió divertido esperando su respuesta.
La sangre coloreo su cara y casi se atraganta con la fruta que comía.
- Hola. Si, estoy bien, ¡Genial! Me tomaste desprevenida, solo eso. Como te das cuenta no soy ninguna señorita simpatía, no acostumbro a recibir holas tan temprano en la mañana. –Bromeo y sonrió ante su propio comentario. Ya no tartamudeo.
- ¿Puedo sentarme un momento contigo?- Le pidió con la voz mas melodiosa que jamás había escuchado antes, al menos no tan cerca de ella.
- ¿Estas seguro? Yo estoy bien. Si gustas puedes regresar con tus guapas amigas que te esperan, al parecer por la forma en que nos miran.- Le dijo dirigiendo su mirada al grupo de chicas ahí cerca.
Sin desviar la mirada de sus ojos le sonrió e insistió.
- Preferiría quedarme aquí si no te importa. Y no son mis amigas, se estaban presentando con el chico nuevo es todo. - Dijo mientras se sentaba a su lado, muy cerca de su cuerpo.- Hola otra vez. Soy Luka, encantado de conocerte al fin.
Sus palabras la estremecieron y el contacto frió de su mano se sintió agradablemente suave ya que su piel ardió al contacto con la de el.
- Diana.- dijo al fin, con una profunda mirada que intentaba adivinar el significado de aquellas palabras.
- ¿Siempre tienen este clima por aquí? – Pregunto, mientras se ponía unas gafas oscuras. – No soy fan del sol, y esto es muy agradable.
Eso podía notarlo a leguas, la piel pálida denotaba su falta de exposición a este y si así era, estaba en el lugar correcto, en ese pequeño rincón de la península casi nunca había sol.
- Bueno, es otoño, extrañamente en el verano llueve mucho y eso me encanta. Mi cumpleaños es en el verano, lejos de la escuela y la lluvia completa mi día. Me encanta la lluvia.- los ojos oscuros parecieron brillar con su propio comentario.
-Eso es en unos meses. ¿Cuantos años cumples? –Inquirió con interés. Sus ojos brillaron de una extraña manera cuando le hacia esa pregunta.
-Cumpliré diecinueve, y estaré a un año de terminar la universidad e irme lejos de este aburrido lugar. – Y sintiéndose algo incomoda por hablar de ella misma le pregunto.- No es usual ver a alguien nuevo en el curso. ¿A que se debe que te has movido acá?
Quería saber todo de el, y estaba dispuesta a averiguar quien era, y que hacia allí un chico como el.
Especialmente que hacia hablando con ella.
Cada gesto de su cara podría darle pistas. La curiosidad y la fascinación que aquel chico ejercía en ella era tanta como la locura de la que era presa al amar a un ser que no sabia si era producto de su imaginación.
Las chicas alrededor aun los miraban de vez en cuando, sorprendidas de que el fabuloso chico nuevo estuviera con la insoportable inadaptada que además vestía pésimo. ¿Que era lo que un fabuloso ejemplar masculino como Luka Salvatierra encontraba en aquella chica tan extraña?
Eso era algo que ninguna de ella jamás podían adivinar nunca en sus perfectas vidas.
Cap. 1 El Angel (1a Parte)
Ella estaba ahí, sola.
Era lo más bello que jamás había visto.
Y solo un riachuelo lo separaba de su dulce y joven esencia, la deseo como no había deseado nada antes.
Sus azules ojos se posaron en ella le dejo sin aliento, tan solo tenia diez años de edad. Su grácil figura de niña se perfilaba para convertirse en una hermosa mujer. Oculto en las sombras había detenido su eterno andar.
La miro por primera vez ahí en el traspatio de su casa donde ágilmente había escalado un árbol de ciruelas dulces y rojas, se había acomodado en una rama repleta de la fruta y ávidamente engullía una tras otra permitiendo que el jugo escurriera por sus dedos y ensuciando su adorable rostro infantil, desde donde estaba podía aspirar su perfume mezclado con el dulce aroma de las ciruelas.
Nunca había tenido que contener sus instintos de aquella manera, se obligo a no abalanzarse sobre ella y probar ese irresistible y joven perfume, como el de un vino muy joven y fresco.
Entonces ella le miro fijamente, en la mortecina luz del atardecer su joven mente reflejo la presencia de un ángel, uno de ojos azules que le miraba y le sonreía ahí del otro lado del riachuelo y le devolvió la sonrisa, él no podía creer lo que podía leer en la mente de la hermosa niña de piel pálida y largos cabellos negros como sus ojos... Sus entrañas se retorcieron con el apetito y la lujuria por la sangre de aquella bella niña y sin embargo se contuvo. El no era un monstruo, al menos no cazaba humanos para vivir.
Si se acercaba a ella en ese momento jamás la vería crecer y convertirse en lo que claramente se vislumbraba en todo su pequeño ser, una hermosa mujer de poderosa y atractiva esencia. Le miro una vez más y los hoyuelos en sus mejillas sonrosadas le devolvieron un pálpito de vida a su corazón seco y petrificado.
No, el no podía cortar ese destino, debía preservar tal belleza y encanto.
Y esa fue la tarde en que su vida cambio cuando la miro por primera vez. Decidió que seria suya cuando creciera, tenia el poder de estar cerca de Diana y de velar por ella hasta que estuviera lista para conocerle y amarle, podría influenciar en ella cuanto quisiera pero no influenciaría su corazón pues deseaba que se lo entregara por voluntad propia.
Mientras tanto seria su ángel de la guarda… un oscuro ángel de hermosos ojos azules.
Había soñado con aquel par de ojos azules desde que tenía memoria.
Habían pasado ya nueve años desde que le había visto, y aunque sentía su inconfundible presencia junto a ella día y noche, aún guardaba las esperanzas de encontrarle. Nunca seria suficiente el recuerdo de ese hermoso rostro en su mente, ansiaba fervientemente que no hubiese sido una fantasía de niña.
Recostada en su cama, con mucha pereza de levantarse, cerro los ojos recordando aquella tarde cerca del riachuelo, cada milímetro de ese perfecto ser se reflejaba en su mente, su divinidad, su esencia, sus ojos. Estaba segura de que no era un humano, nadie era dueño de tal belleza y encanto.
El despertador volvió a sonar insistiendo en su molesta tarea.
Diana no se inmuto.
Siguió con sus cavilaciones, con sus pensamientos en otro mundo, en un mundo en donde ella permanecía a su lado. Cuando el reloj sonó por última vez, supo que no podía retrasar más lo inevitable. De un salto se levanto de la cama y se dirigió a la ducha. Ni el agua recorriendo su cuerpo lograba distraerla de sus recuerdos. En general, nada lo hacia.
Hacía años que vivía de esa forma, pendiente de una sombra, de un ser que a veces dudaba que existiera.
Tenia una vaga idea de como atraerlo hacía ella, sabía como llamar su atención, lo había descubierto por casualidad cuando en sus eternos escapes de la casa nueva a la que se habían mudado ella y su madre, se internaba en el bosque cerca de donde vivía.
Una vez estuvo a punto de caerse por una ladera persiguiendo una ardilla. Tenia una facilidad increíble de atraer los accidentes, esa única vez había sentido como la rama de la que colgaba hacia una caída libre de al menos treinta metros, era jalada por alguien, pero ni esa vez supo quien se había tomado la molestia de salvarle la vida sin darle tiempo de agradecérselo. Tenía trece años entonces.
Una loca teoría comenzó a rondarle la cabeza.
Ella tenía un ángel de la guarda.
Su madre siempre insistió en que existían tales seres y si ella después de tantos líos en los que se metía aun estaba intacta; era porque alguien la cuidaba y por lógica si ese alguien no era visible entonces era un ángel.
Y lo comprobó a base de perseverancia y de meterse en problemas. Pero aún cuando podía sentir su presencia, esta esencia no se materializaba, poniéndola así en el predicamento de buscar maneras más efectivas de hacerlo venir hacia ella. Pasaba horas maquinando distintas formas de meterse en problemas y poder verle. No pasaba una hora completa de su día sin que estuviera maquinando nuevas formas de obligar a su ángel a presentarse ante ella.
Se vistió apresurada con sus desgastados jeans y una blusa caliente de franela, y su eterna chaqueta, antes de bajar corriendo las escaleras hacía la puerta de salida. Troto las cinco cuadras que la separaban de la universidad, podía darse el lujo de tener un lugar propio y no compartir dormitorio en el campus. Sonrió triunfante cuando llego y vio que aún no habían tocado la primera campanada. Paro en seco en medio del pasillo y tomo aire como si fuese un nadador alistándose para dar la carrera de su vida.
Recorrió con la mirada el lugar, los alumnos corrían de un lado a otro en busca del aula indicada, los profesores renegaban con una taza de café en la mano. Con pasos tranquilos se dirigió a su clase de primera hora. Aunque trataba de pensar lo menos posible en sus preocupaciones diarias, no podía. ¿Qué forma había de crear un escándalo en clase de Literatura para conocer a su ángel guardián? Hasta el momento las posibilidades eran nulas, a no ser que deseara ser expulsada de la escuela. La idea no le disgusto demasiado, pero la quito rápido de su mente cuando recordó que su madre definitivamente si se enfadaría. Saco con brusquedad su reproductor de MP3 y se coloco los auriculares subiendo el volumen de la música lo mas alto posible.
Ignorando a todo mundo.
Pero eso no impedía que de vez en cuando las odiosas de Jennie junto a su sequito, Susan, Megan la molestaran cada que se encontraban con ella.
- Hola andrajosa- se burlo barriéndola de pies a cabeza- ¿y ese reciente modelito de donde lo sacaste? De la basura del campus seguramente, creo que lo tiraron ahí el curso pasado.
Las carcajadas de las otras dos no se hicieron esperar.
- Vaya, una podría decir que podrías realmente llegarme con algo mejor que eso Jennie, pero eso sería mucho pedir ya que parece que tu pequeño cerebro fue reciclado del laboratorio de ratas, sin ofender a las ratas, no creo que te funcione bien entre esas dos orejotas que tienes.
- ¡Como te atreves!- chillo furiosa.
- Ay mira… no tengo tiempo para tus estupideces esta mañana ¿No sienten que va a ser un día grandioso? No, no creo que puedan sentirlo debes de estar entumidas de tantas cirugías que tienen en el cuerpo ¿Qué se siente ser de plástico?- contesto con el sarcasmo salpicándoles en la cara.
- Déjame que la ponga en su lugar- se adelanto Susan, e intento ponerle una mano encima. Gran error.
- Ni se te ocurra tocarme una vez mas- le advirtió una vez que había atrapado sus dedos en su mano para doblárselos hacia atrás dolorosamente- La próxima vez me asegurare de que tu plástica nariz te salga cara de lo arruinada que quedara.
Dicho eso la soltó barriéndolas con una mirada de hastió, la tenían harta. ¿Cuándo aprenderían que ya era mujeres casi adultas? ¿Y que les hacia pensar que ella era una potencial victima? Solo porque no deseaba ser expulsada del campus no les rompía la cara a puñetazos, eso y bajarse hasta el nivel de coeficiente de ellas le impedía realmente ponerlas en su lugar.
Después del desagradable incidente se olvido de ellas y se dirigió a su primera clase.
Evitando a todo el mundo, y con la cabeza baja, entro al aula sin prestar ni la más mínima atención a sus movimientos. Estaba segura que todos sus compañeros estaban acostumbrados a sus habituales actitudes. Siempre sola, alejada de todos.
Pudo sentir que había alguien allí que la miraba fijamente, conocía esa esencia, pero no quería fiarse de sus sentidos. Estaba tan obsesionada con aquel ángel que no estaba segura si debía creer en lo que sentía, seguramente su mente le estaba jugando uno de sus tantos jueguitos. Tomo varias bocanadas de aire para tranquilizarse, mientras se dirigía con paso lento hacía la parte trasera del aula, donde habitualmente se sentaba. Sus nervios empezaban a salirse de control, podía jurar que él la estaba observando, que él se encontraba allí. “Vamos Diana, sabes que no puede ser él, jamás se muestra en público ¡No sueñes despierta!”- se reprocho en su mente. Cuando su pierna derecha golpeo, como todas las mañanas, con el pie del pupitre, dejo la mochila en el suelo, y aún distraída dio la vuelta para sentarse en su lugar.
Apenas colocó su mano sobre la mesa, algo la tocó.
Se tenso ante el tacto, no por la temperatura de este, sino porque creía que su imaginación estaba llegando muy lejos. Ella se sentaba sola, nadie quería su compañía, y de repente alguien se encontraba a su lado, y no era cualquier persona, era él. Corrió su cabello de la cara y dejo que sus ojos profundos como la noche se elevaran.
Entonces, después de nueve años, volvió a ver esos embriagadores ojos azules.
Una descarga eléctrica corrió por todo su cuerpo aturdiéndola, no podía creer lo que miraban sus ojos.El rostro masculino que se inclinaba hacia ella era de una belleza angelical, y contradictoriamente muy varonil. Una leve sonrisa juguetona bailaba en sus labios y se dio cuenta de que su boca se había quedado abierta y su respiración se había pausado, aun sin moverse un solo milímetro intento desde un rincón de su mente reaccionar, cerrar la boca y recomponerse a si misma.
- Hola. - La saludo aun sonriendo, con una voz aterciopelada como su piel pálida.
Los ojos azules brillaban de una manera familiar, los había imaginado un millón de veces y aun así se había quedado corta. Las espesas pestañas y la sonrisa amistosa dentro del varonil marco de su rostro completaban el sueño ahora perfecto.
miércoles, 17 de junio de 2009
Personajes Principales
Vampiros Sterling
Prefacio
Los peligros y las situaciones que estas insólitas relaciones implican en sus relativamente normales vidas las llevaran por insospechados e intensas emociones al verse enamoradas de los hermosos vampiros que harán lo posible por ser aceptados y amados a pesar de sus oscuros y peligrosos pasados, siglos de oscuro terror y una vida de eternidad.






