Tristán.
El viento helado le golpeo en la cara.
Caminaba por las solitarias y frías calles en busca de alimento.
Apretó los puños dentro de los bolsillos de su abrigo oscuro largo y elegante, incluso para salir a esa hora siempre vestía bien. Era lo único que le diferenciaba de un vagabundo o de un maleante; su elegante y refinado aspecto, no deseaba llamar negativamente la atención.
Si te tomabas unos segundos para observar su aspecto seguramente te encontrarías irremediablemente fascinado con la belleza que su rostro de piel pálida y bellos rasgos te provocaba, era inevitable. Había sido descrito como un hombre de gran belleza y carisma alguna vez, y después de su muerte esas virtudes se habían multiplicado infinita mente, su pelo de rizos largos y castaños con reflejos rubios como si tomara el sol y este lo hubiera decolorado, o tal vez pensarías que lo cuidaba con un buen estilista. No podía cambiarle el aspecto nunca, así que solo cambiaba de vez en cuando el estilo de peinarse, en general solo lo dejaba así suelto cayéndole en el rostro.
Podía ser extraño al correr de los años en que las modas en los hombres cambiaban, pero en esta década más ambigua los estilos andróginos estaban otra vez de vuelta.
Su belleza había sido útil a los largo de los largos e interminables años, pero en un principio había sido usada para viles propósitos. Propósitos que le habían atormentado en los años que sucedieron después a esa época oscura.
Como cada vez que pensaba en ello, algo le carcomía dentro y le provocaba un amargo sabor en la boca. No se suponía que pudiera tener esos sentimientos, no tenia alma, ni palpitar en el pecho.
Era un mito, una sombra, un producto de las peores pesadillas...
Pero por alguna razón que aun no entendía, no podría morir, ni siquiera dormir. Un simple placer como dormir y descansar su mente de tanto cansancio le estaba vedado.
Paseo una vez mas los ojos adaptados para ver en la más densa oscuridad, las tenues luces a esa hora de la noche, se metió a un bar de mediana categoría que estaba abierto casi todos los días de la semana hasta bastante tarde.
Se metió y pidió un trago.
Se sentó en la barra de madera pulida y observo su reflejo en el espejo frente a él, y al mismo tiempo pudo ver a través del reflejo a una chica que se levantaba de su silla, con los ojos llenos de pesar. Su soledad la estaba matando, y esta noche no había conseguido a nadie con quien irse a casa.
Disimulada mente tomo su trago que para todo caso era como beber agua, insatisfactorio y sin sabor alguno.
Pago y salió detrás de ella.
Caminaba cansada de su existencia, su frustración era inmensa. Se sintió identificado con ella instantáneamente, era la historia de su vida, cada día por los últimos tres siglos.
Sus pasos vacilantes la llevaron hasta donde había aparcado, se ajusto el abrigo pues el viento soplaba con fuerza anunciando el final del otoño, pero en ese frío lugar eso no ayudaba mucho.
Busco las llaves en su bolsa de mano y le vio venir. El farol encendido en la calle ilumino su rostro y una sonrisa se dibujo en los labios femeninos.
Sintió un escalofrío pero sus ojos le decían lo contrario, la presencia de alguien como él no podía ser peligrosa.
Pudo ver su mente, se imagino pasando sus dedos delgados y finos por los sedosos rizos que adornaban el bello rostro dándole un aspecto algo salvaje pero endemoniada mente atractivo, se relamió los labios cuando vislumbro su sonrisa que tenia como propósito distraerla.
- Hola guapo- Saludo.
- Hola- Correspondió y el timbre de su profunda y varonil voz le envió un estremecimiento. Todas sus fantasías hechas realidad- ¿Puedo invitarte algo? Aun no deseo ir a casa.
- Yo podría invitarte lo que desees en mi casa- Dijo en tono sugerente.
- Después de que tomemos algo por aquí vamos a tu casa si gustas- Sugirió inclinando su rostro hacia ella, ya que la tuvo a unos centímetros de su rostro. La impresión que sintió era conocida, tan familiar, tan acostumbrada.
- Encantada de ir contigo a donde desees- musito ya bajo el influjo de su encanto
Sin decir una palabra mas le miro profundamente a los ojos para inducirla en un trance profundo. La llevo al callejón a unos pasos de ahí donde la oscuridad los cubriera. Y lamió su cuello preparándola para que no sufriera por lo que estaba a punto de hacer.
Tembló de placer en sus brazos, su cuerpo esbelto y frágil tenía un dulce perfume de excitación y rosas.
Ladeo su cabeza y lamió su cuello una vez más, antes de hundir- los afilados colmillos que habían salido de sus fundas- en la palpitante vena de la garganta.
El líquido salado y caliente salió a borbotones directamente a su garganta, dándole alivio, quitándole el dolor del cuerpo y entibiando la helada piel. Bebió despacio, la sed se calmaba mejor si no apuraba su trago.
Paro cuando fue suficiente para el sin lastimarla, tan solo tomaba un poco cada vez para no terminar con la vida de su donador nocturno. Volvió a lamer y la ponzoña de su boca sello la herida, dejo de salir la sangre casi instantáneamente.
Durante todo el proceso había manipulado su mente para que la experiencia no resultara aterradora para ella, el palpitar de su corazón le tranquilizaba y le hacia sentir vivo. Lo menos que podía hacer era hacer realidad sus más salvajes fantasías. Y esa noche ella deseaba un amante excepcional, uno que la hiciera sentir amada, deseada y profundamente satisfecha.
Y eso seria lo que recordaría al otro día, una salvaje noche de sexo ardiente, con el hombre más bello que jamás había visto nunca en su vida.
Al menos eso podría llevarse de él por haberle alimentado, y él… él solo se llevaba el alivio temporal de su sed eterna y volvía una vez más a casa. A la quietud y a la soledad de su mansión. Donde no podía dormir ni descansar, ni compartir su vida con nadie.
Se sentó en el borde de su cama de adorno, y miro su fabulosa mansión, se sintió desolado una vez más.
Había buscado compañía por mucho tiempo, o al menos alguien que le ayudara a morir de una vez por todas sin lograr ni uno ni lo otro. Ya que no podía terminar con su propia existencia, su instinto de supervivencia no se podía eludir.
Su vida era un infierno donde no podía gritar porque nadie le escucharía, donde no existía nadie que tuviera un pensamiento para él, ya que se suponía que no existía.
Tenia que hacer algo antes de que terminara volviéndose loco.
Si no podía terminar con su vacía existencia, al menos tenia que ver que podría hacer para no vivir más en soledad.
martes, 23 de junio de 2009
Cap. 2 Excursion (1a parte)
lunes, 22 de junio de 2009
Cap. 1 El Angel (3a parte)
Espero la respuesta a su pregunta esperando poder descifrar su presencia ahí.
- Bueno, he viajado mucho en los últimos meses y decidí que debería de una vez terminar la escuela y decidirme a escoger por fin una universidad. Ya me tome el tiempo necesario para hacer algunas otras cosas que tenía pendientes. Ahora quiero terminar lo que tengo que hacer aquí en esta ciudad.
- ¿Que tienes pendiente aquí? ¿Que de interesante tiene este pueblo tan aburrido?- Le cuestiono.
- Lo mas importante de mi existencia, tan solo… pero te contare después, ya es hora de regresar a clases. ¿Cual te toca ahora? –Pregunto mientras le ayudaba a levantarse del suelo.
El contacto con sus manos la hizo temblar levemente. La miro a los ojos otra vez de esa manera arrebatadora que parecía que quería absorberla dentro de si. La intensidad de su gesto le hacia correr la sangre desbocadamente en sus venas, calentándola, un brillo distinto al anterior apareció, la soltó de inmediato y camino aprisa delante de ella parecía perturbado de pronto.
Solo se volvió para decirle:
-Nos estaremos viendo por aquí supongo, no vivo en el campus pero definitivamente nos veremos por aquí.
-Eh… si, claro- Tartamudeo ante el espontaneo ofrecimiento- Te veré por ahí- Dijo de manera casi automática.
La había dejado sin aliento con ese cambio de humor tan repentino.Desapareció en el edificio del ala norte y ella se dirigió a su clase de historia. El resto del día se pasó como si fuera una película lenta y tediosa, tan solo deseaba poder verlo una vez mas, aun saboreaba el delicado toque de sus manos en ella, había observado el insondable fondo de sus ojos azul tan pálido que parecía irreal, hasta que se había separado bruscamente. ¿Qué había sido eso?
Se dio cuenta de que en todo el día no había deseado meterse en líos para poder sentir la presencia de su ángel guardián y se sintió culpable por ello. Pero en ese momento solo deseaba comprobar quien era Luka y porque se parecía tanto a su ángel guardián. A partir de aquella tarde la belleza angelical de aquel hombre que la miraba se quedo grabado en su mente y ahora estaba aquí con ella.
Al final del día pudo correr al estacionamiento para poder verlo una vez más. Lo miro subiéndose en una motocicleta, tenia puesta una chaqueta de piel oscura y su casco. Sintió como su corazón se entibiaba hasta derretirse por completo, su pecho latía aceleradamente mientras corría a el para llamarle. El sin mirarla una vez más arranco y salió del estacionamiento dejándola ahí con el suspiro en los labios.
Arrobada como estaba con la esencia masculina ni siquiera noto que era objeto de curiosidad en varios autos a la redonda. Jennie y su sequito, las chicas populares, no le quitaban la vista de encima y comentaban algo entre cuchicheos con sus amigas. Seguramente se burlaban de ella, nada nuevo.
Sintiéndose desolada de pronto se dirigió caminando a su pequeño estudio donde vivía. Se acomodo su mochila y mientras abrazaba su propio cuerpo, algo contrariada de no haber sido mas audaz. Tal vez en ese momento estaría en la parte de atrás e la motocicleta abrazándose a la breve cintura de Luka.
Un estremecimiento la recorrió mientras se imaginaba a si misma tocándolo de aquella manera tan casual e intima.
Había llovido mientras estaba dentro de los edificios del campus y había charcos de agua estancada, no se dio cuenta de eso hasta que el lujoso auto de Jennie paso a toda velocidad bañándola con el agua helada estancada en la calle.
Detrás de la espesa capa de agua sucia y helada solo pudo ver como sus rostros se alejaban de ella mientras se reían de su miseria. Ahora estaba desolada, empapada hasta los huesos y con ansias de hacer cachitos a la rubia estúpida que seguía metiéndose con ella. Apresuro el paso para llegar a casa con el cuerpo ardiéndole de la rabia contenida, ya se las pagarían, pero en ese momento estaba a punto de congelarse.
Esa mañana había sido la mas esperada por él, al fin podía comenzar a conquistarla, deseaba que le conociera y le amara antes de confesarle quien era. Tenia muchas cosas que explicarle, pero lo mas importante deseaba que dejara de pensar en el como su ángel.
No era un ángel, al menos no tenia nada que ver con el cielo así como lo conocían los humanos que creen en el reino de los cielos.Le enfurecía y le asustaba que estuviera enamorada de esa forma, el golpe de la verdad que algún día sabría seria mas duro para ella, y para él seria doblemente si lo rechazaba debido a su oscura naturaleza.
Se daba cuenta de la fuerza de ese anhelo, de ese deseo y amor que el ángel le inspiraba, lo sabía, había leído cada pensamiento al respecto.
Las noches en vela de ella intentando no volverse loca por la fantasía que recurría a ella una y otra vez. El arriesgar su vida con deportes extremos y provocaciones inútiles solo para poder sentirlo cerca de ella. Y el, tenia que acudir una y otra vez para protegerla de si misma, ya que el mismo la había convertido en lo que era ahora: Una lunática pendiente de la aparición de una fantasía y un sueño, de un recuerdo de infancia que había quedado guardado como tatuado con fuego en su mente.
Al menos la esencia de su espíritu quedaba intacta, no así su mente y su desarrollo personal con respecto a su entorno, aun cuando las calificaciones no bajaban y sus sueños de realización personal no desaparecían, siempre guardaba esa parte de ella donde podía perderse en la locura si tan solo continuaba de aquella manera.
Era casi imposible para el alejarse de ella por más tiempo del necesario, y ahora que sabia que estaba ahí lo único que deseaba era decirle cuanto la deseaba y lo que seria capaz de hacer para tenerla a su lado.
La miro caminar apresurada con la ropa empapada y temblando del frio debido a las continuas ofensas de Jennie y sus amigas. Deseo poder acercarse a ella para llevarla a casa pero por nada del mundo quería que pensara que la acechaba.
Cosa que era cierto pero ella no necesitaba saberlo.
Ella estaba acostumbrada a una vida difícil y diferente a las malcriadas del auto ultimo modelo. Diana había crecido bajo el estricto y paranoico cuidado de su madre, Luka fue testigo de cómo el aislamiento a la que sometía a su hija por un terror casi esquizofrénico con el que vivía.
Nunca tuvo amigas de visita a su casa, no hubo fiestas ni celebraciones de cumpleaños, no había visitas familiares ni convivencias normales, ni siquiera novios o pretendientes. Su vida solitaria había reforzado su manía por el peligro y el estudio y su único consuelo era la música y el baile, se había convertido en una hermosa bailarina de ágil y esbelto cuerpo, intensa y apasionada cuando se olvidaba de su soledad mientras bailaba en el estudio del sótano donde vivía.
Y el fue el mudo testigo de sus continuas lagrimas, mientras se preguntaba que sucedía con su madre que la trataba de aquella manera aislándola del mundo. Pero al ser su único familiar no luchaba contra ella sino que obedecía pacientemente mientras su mente se llenaba de preguntas sin respuestas.
Y entonces se fue de casa para estudiar en la universidad más cercana a su madre así que no pudo ir demasiado lejos. Se había quedado en la península al norte de Cape Cold, y su madre vivía a solo veinte minutos de ella.Y ahora estaba dispuesto a llegar a cualquier límite que pudiera tener para devolverle su humanidad completa, eso antes de confesarle su oscura naturaleza. Su vida y su bienestar estaban por encima de la de cualquiera, incluso por encima de si mismo.
Cuando llegaron a la casa de Diana, como era su costumbre en cuanto estuvo segura dentro de su casa dio la media vuelta evitando espiarla mas allá de las paredes que no le impedían saber lo que hacia o pensaba, en su mente solo veía la imagen de ella en sus brazos, prendido de sus labios, esos labios largamente adorados y deseados.
Pero tenia que ser cuidadoso, primero tenia que sanar su mente, así podría amarlo a el y no a una fantasía.
Tenía que alimentarse, pero no podía hacerlo en el pueblo, así que se transporto como sabia hacerlo. Trasladándose de un lugar al otro en segundos, desmaterializándose aquí y apareciendo en donde lo deseara. En ese caso en una gran ciudad donde ya era de noche y podía escoger al donador de su alimento esa noche. Nunca mataba a nadie, solo tomaba un poco de sangre de su donador y les borraba la memoria para que no tuvieran conocimiento del hecho. Escogía a sus victimas por sus pensamientos, aprendió que la sangre mas dulce era de las personas que carecían de sentimientos perversos, eran más fáciles de persuadir, además cuando se alimentaba de ellos, experimentaban el placer mas intenso que habían conocido antes, y así no sufrían.
Había pasado más de un siglo para que pudiera hacer eso sin matar a sus victimas, ahora raramente perdía el control.
Ahora estaba a punto de embarcarse en una aventura desconocida para el. Tenia que pasar por un humano, común y corriente.
Y aun no sabía como hacer eso.
No usar sus poderes con Diana seria extremadamente difícil.



