Espero la respuesta a su pregunta esperando poder descifrar su presencia ahí.
- Bueno, he viajado mucho en los últimos meses y decidí que debería de una vez terminar la escuela y decidirme a escoger por fin una universidad. Ya me tome el tiempo necesario para hacer algunas otras cosas que tenía pendientes. Ahora quiero terminar lo que tengo que hacer aquí en esta ciudad.
- ¿Que tienes pendiente aquí? ¿Que de interesante tiene este pueblo tan aburrido?- Le cuestiono.
- Lo mas importante de mi existencia, tan solo… pero te contare después, ya es hora de regresar a clases. ¿Cual te toca ahora? –Pregunto mientras le ayudaba a levantarse del suelo.
El contacto con sus manos la hizo temblar levemente. La miro a los ojos otra vez de esa manera arrebatadora que parecía que quería absorberla dentro de si. La intensidad de su gesto le hacia correr la sangre desbocadamente en sus venas, calentándola, un brillo distinto al anterior apareció, la soltó de inmediato y camino aprisa delante de ella parecía perturbado de pronto.
Solo se volvió para decirle:
-Nos estaremos viendo por aquí supongo, no vivo en el campus pero definitivamente nos veremos por aquí.
-Eh… si, claro- Tartamudeo ante el espontaneo ofrecimiento- Te veré por ahí- Dijo de manera casi automática.
La había dejado sin aliento con ese cambio de humor tan repentino.Desapareció en el edificio del ala norte y ella se dirigió a su clase de historia. El resto del día se pasó como si fuera una película lenta y tediosa, tan solo deseaba poder verlo una vez mas, aun saboreaba el delicado toque de sus manos en ella, había observado el insondable fondo de sus ojos azul tan pálido que parecía irreal, hasta que se había separado bruscamente. ¿Qué había sido eso?
Se dio cuenta de que en todo el día no había deseado meterse en líos para poder sentir la presencia de su ángel guardián y se sintió culpable por ello. Pero en ese momento solo deseaba comprobar quien era Luka y porque se parecía tanto a su ángel guardián. A partir de aquella tarde la belleza angelical de aquel hombre que la miraba se quedo grabado en su mente y ahora estaba aquí con ella.
Al final del día pudo correr al estacionamiento para poder verlo una vez más. Lo miro subiéndose en una motocicleta, tenia puesta una chaqueta de piel oscura y su casco. Sintió como su corazón se entibiaba hasta derretirse por completo, su pecho latía aceleradamente mientras corría a el para llamarle. El sin mirarla una vez más arranco y salió del estacionamiento dejándola ahí con el suspiro en los labios.
Arrobada como estaba con la esencia masculina ni siquiera noto que era objeto de curiosidad en varios autos a la redonda. Jennie y su sequito, las chicas populares, no le quitaban la vista de encima y comentaban algo entre cuchicheos con sus amigas. Seguramente se burlaban de ella, nada nuevo.
Sintiéndose desolada de pronto se dirigió caminando a su pequeño estudio donde vivía. Se acomodo su mochila y mientras abrazaba su propio cuerpo, algo contrariada de no haber sido mas audaz. Tal vez en ese momento estaría en la parte de atrás e la motocicleta abrazándose a la breve cintura de Luka.
Un estremecimiento la recorrió mientras se imaginaba a si misma tocándolo de aquella manera tan casual e intima.
Había llovido mientras estaba dentro de los edificios del campus y había charcos de agua estancada, no se dio cuenta de eso hasta que el lujoso auto de Jennie paso a toda velocidad bañándola con el agua helada estancada en la calle.
Detrás de la espesa capa de agua sucia y helada solo pudo ver como sus rostros se alejaban de ella mientras se reían de su miseria. Ahora estaba desolada, empapada hasta los huesos y con ansias de hacer cachitos a la rubia estúpida que seguía metiéndose con ella. Apresuro el paso para llegar a casa con el cuerpo ardiéndole de la rabia contenida, ya se las pagarían, pero en ese momento estaba a punto de congelarse.
Esa mañana había sido la mas esperada por él, al fin podía comenzar a conquistarla, deseaba que le conociera y le amara antes de confesarle quien era. Tenia muchas cosas que explicarle, pero lo mas importante deseaba que dejara de pensar en el como su ángel.
No era un ángel, al menos no tenia nada que ver con el cielo así como lo conocían los humanos que creen en el reino de los cielos.Le enfurecía y le asustaba que estuviera enamorada de esa forma, el golpe de la verdad que algún día sabría seria mas duro para ella, y para él seria doblemente si lo rechazaba debido a su oscura naturaleza.
Se daba cuenta de la fuerza de ese anhelo, de ese deseo y amor que el ángel le inspiraba, lo sabía, había leído cada pensamiento al respecto.
Las noches en vela de ella intentando no volverse loca por la fantasía que recurría a ella una y otra vez. El arriesgar su vida con deportes extremos y provocaciones inútiles solo para poder sentirlo cerca de ella. Y el, tenia que acudir una y otra vez para protegerla de si misma, ya que el mismo la había convertido en lo que era ahora: Una lunática pendiente de la aparición de una fantasía y un sueño, de un recuerdo de infancia que había quedado guardado como tatuado con fuego en su mente.
Al menos la esencia de su espíritu quedaba intacta, no así su mente y su desarrollo personal con respecto a su entorno, aun cuando las calificaciones no bajaban y sus sueños de realización personal no desaparecían, siempre guardaba esa parte de ella donde podía perderse en la locura si tan solo continuaba de aquella manera.
Era casi imposible para el alejarse de ella por más tiempo del necesario, y ahora que sabia que estaba ahí lo único que deseaba era decirle cuanto la deseaba y lo que seria capaz de hacer para tenerla a su lado.
La miro caminar apresurada con la ropa empapada y temblando del frio debido a las continuas ofensas de Jennie y sus amigas. Deseo poder acercarse a ella para llevarla a casa pero por nada del mundo quería que pensara que la acechaba.
Cosa que era cierto pero ella no necesitaba saberlo.
Ella estaba acostumbrada a una vida difícil y diferente a las malcriadas del auto ultimo modelo. Diana había crecido bajo el estricto y paranoico cuidado de su madre, Luka fue testigo de cómo el aislamiento a la que sometía a su hija por un terror casi esquizofrénico con el que vivía.
Nunca tuvo amigas de visita a su casa, no hubo fiestas ni celebraciones de cumpleaños, no había visitas familiares ni convivencias normales, ni siquiera novios o pretendientes. Su vida solitaria había reforzado su manía por el peligro y el estudio y su único consuelo era la música y el baile, se había convertido en una hermosa bailarina de ágil y esbelto cuerpo, intensa y apasionada cuando se olvidaba de su soledad mientras bailaba en el estudio del sótano donde vivía.
Y el fue el mudo testigo de sus continuas lagrimas, mientras se preguntaba que sucedía con su madre que la trataba de aquella manera aislándola del mundo. Pero al ser su único familiar no luchaba contra ella sino que obedecía pacientemente mientras su mente se llenaba de preguntas sin respuestas.
Y entonces se fue de casa para estudiar en la universidad más cercana a su madre así que no pudo ir demasiado lejos. Se había quedado en la península al norte de Cape Cold, y su madre vivía a solo veinte minutos de ella.Y ahora estaba dispuesto a llegar a cualquier límite que pudiera tener para devolverle su humanidad completa, eso antes de confesarle su oscura naturaleza. Su vida y su bienestar estaban por encima de la de cualquiera, incluso por encima de si mismo.
Cuando llegaron a la casa de Diana, como era su costumbre en cuanto estuvo segura dentro de su casa dio la media vuelta evitando espiarla mas allá de las paredes que no le impedían saber lo que hacia o pensaba, en su mente solo veía la imagen de ella en sus brazos, prendido de sus labios, esos labios largamente adorados y deseados.
Pero tenia que ser cuidadoso, primero tenia que sanar su mente, así podría amarlo a el y no a una fantasía.
Tenía que alimentarse, pero no podía hacerlo en el pueblo, así que se transporto como sabia hacerlo. Trasladándose de un lugar al otro en segundos, desmaterializándose aquí y apareciendo en donde lo deseara. En ese caso en una gran ciudad donde ya era de noche y podía escoger al donador de su alimento esa noche. Nunca mataba a nadie, solo tomaba un poco de sangre de su donador y les borraba la memoria para que no tuvieran conocimiento del hecho. Escogía a sus victimas por sus pensamientos, aprendió que la sangre mas dulce era de las personas que carecían de sentimientos perversos, eran más fáciles de persuadir, además cuando se alimentaba de ellos, experimentaban el placer mas intenso que habían conocido antes, y así no sufrían.
Había pasado más de un siglo para que pudiera hacer eso sin matar a sus victimas, ahora raramente perdía el control.
Ahora estaba a punto de embarcarse en una aventura desconocida para el. Tenia que pasar por un humano, común y corriente.
Y aun no sabía como hacer eso.
No usar sus poderes con Diana seria extremadamente difícil.
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Este espacio multi-temático siempre nos permite orientados hacia distintos
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Hace 8 años




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